jueves, 19 de octubre de 2017

Stefan Zweig: Clarissa

Idioma original: alemán
Título original: Clarissa
Año de publicación: 1976
Valoración: inclasificable

Empezaré la reseña explicando el porqué de esta inusual valoración. Este libro se publicó de forma póstuma y es un libro inconcluso. Debido a este aspecto, es difícil calificarlo debidamente puesto que el final es totalmente abierto y uno es incapaz de saber cómo tenía pensado Zweig terminarlo, e incluso hacia donde avanzar la trama (aunque sí se indican brevemente las intenciones del autor en los capítulos finales). Si tuviera que hacer una valoración lo dejaría en un «está bien», siendo consciente que sería algo injusto hacerlo (al ser inconcluso) aunque también es cierto que debemos valorar el libro por lo que es y no por lo que promete (o prometía).

El libro trata sobre Clarissa, protagonista absoluta de la novela. Ya en un inicio, el autor nos narra la infancia de la protagonista y el frío ambiente familiar en el que crece, viviendo desde pequeña aislada del resto de su familia. Huérfana de madre, quien muere durante el parto, el núcleo familiar está formado por su hermano (quien casi no aparece en la novela) y su padre, militar ausente volcado absolutamente en el trabajo haciendo tareas de documentación. Las funciones del padre radican en recabar tanta información como sea posible sobre las tropas enemigas, tarea que desempeña con una minuciosidad extrema. El carácter del padre, quien carece de la capacidad de demostrar afecto, marca la relación con Clarissa, y sus charlas (ocasionales) se reducen principalmente a comprobar que su hija progresa como se espera de ella en el colegio. De esta manera, con la misma exigencia, rigor y meticulosidad que aplica al trabajo educa a su hija (desde la distancia), dejando de lado cualquier acto o gesto cariñoso hacia ella, sin mostrarle ternura ni afecto. En este entorno frío y solitario crece Clarissa, hasta que llega a la edad suficiente para empezar su carrera profesional como ayudante de un profesor, quien la enviará a una conferencia en Suiza. Allí se abrirá su mundo y conocerá a Léonard, un joven francés de quien se enamora. Pero los tiempos son convulsos en la Europa de 1914, y los caminos de Austria y Francia no van en la misma dirección.

Con esta premisa, y sirviéndose de la Primera Guerra Mundial como telón de fondo, Zweig nos narra una historia donde la guerra, las relaciones, los deseos y la corrección se entretejen hasta elaborar un retrato de Europa de principios de Siglo XX. Así, encontramos en Clarisa muchas características de la obra de Zweig como la relación sentimental entre personajes y hasta sus características: él comedido y prudente, ella agradable e inquieta. En este libro póstumo también aparece mencionada la figura de Montaigne, al que Zweig admira como ya demostró en la biografía que publicó sobre el humanista (reseñada también en ULAD). Y es que la obra de Zweig, como es habitual en él, gira en torno a sus personajes, a sus fragilidades y aspiraciones, a la rectitud y la delicadeza de los corazones que buscan sentirse arropados por almas parecidas.

Escrito con prosa ágil, la obra se lee con la calma que el propio libro imprime, contagiándose uno de la belleza siempre existente en la narrativa de Zweig. Sin embargo, y sin poner en duda la calidad literaria del autor (sería casi un sacrilegio), hay cierta repetición de temas y planteamientos que ya encontramos en muchas de sus obras y este hecho reduce el impacto causado por su lectura. Las similitudes son evidentes más allá de su estilo, y la trama se desenvuelve en un entorno parecido al que podríamos encontrar en «La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón» o «Carta de una desconocida». A medida que uno avanza en la lectura de este libro, tiene la sensación de haber leído algo parecido antes, y la reiteración de temas y enfoque ya no sorprenden. Eliminado el factor sorpresa en su obra, queda la calidad de su escritura. Con eso al menos sí nos podemos quedar y, tratándose de Zweig, no es poco.

Otras obras de Stefan Zweig en ULADEl mundo de ayer¿Fué él?Fouché. Retrato de un hombre políticoMendel el de los librosMaría AntonietaTiempo y mundoCarta de una desconocidaNovela de ajedrezVeinticuatro horas en la vida de una mujerViaje al pasadoLos ojos del hermano eternoLas hermanasMontaigne, La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón

miércoles, 18 de octubre de 2017

Claudio Magris: No ha lugar a proceder

Resultado de imagen de no ha lugar a proceder amazonIdioma original: italiano
Título original: Non luogo a procedere
Año de publicación: 2015
Valoración: Muy recomendable



No ha lugar a proceder nunca podrá ocultar su autoría. No solo por la particular forma de entender la literatura de Magris, sino porque así lo evidencian su enorme erudición, esos fantasmas tan suyos (Trieste, la historia entendida como apoyo de ideas o la conflictiva convivencia entre los pueblos) y las huellas de una dilatada trayectoria ensayística.
A la ciudad donde nació le dedicó un ensayo hace una década, las vicisitudes del panorama europeo se encuentran descritas –a su modo– en el magnífico El Danubio. A pesar de su talante, conciliador y contrario a totalitarismos, el autor no pierde de vista la complejidad del tablero de ajedrez en que vivimos. Por eso, la gran pregunta que, entiendo, plantea esta novela, a saber, ¿es posible erradicar la violencia? se responde implícitamente, como no podría ser de otro modo, sin ingenuidad aunque con un atisbo de esperanza.
Esta es una forma de narrar que me atrae particularmente, pero intentaré no dejarme llevar por el entusiasmo, o no mucho, para no confundir –y esto es un aviso a caminantes– a los partidarios de un relato más convencional. Se la clasifica como novela porque en ella aparecen personajes ficticios que actúan y sobre los que actúan las circunstancias, pero son más bien estas: la historia, la geografía, la política, incluso el azar quienes van dejando su huella en ellos. De ahí esa indefinición de los personajes, que casi podríamos ser cualquiera, y ese empeño en situarlos dentro de un marco tan amplio como sea posible. Con esto, Magris traslada a los lectores su personal concepto del mundo, nos resume su pensamiento actual –tras tantos años de vida, lecturas, viajes, escritura, y curiosidad por el ser humano– utilizando lo que se ha denominado género híbrido, en realidad una mezcla de géneros, que en este caso abarcaría la narración, el ensayo y la historia. Un texto que, siguiendo una tendencia ya poco novedosa pero todavía muy actual y muy en sintonía con los objetivos del autor y con su forma de entender la literatura, apuesta por el relato fragmentario (a base de anotaciones, datos, frases, retazos de la historia), por personajes con rol pero sin rostro –excepto los dos principales–, por alternar tiempo y espacios, por la divagación, la acumulación de datos, las enumeraciones y todo lo que pueda dar consistencia a eso que quiere transmitir y que, al no hacerse de forma explícita sino, como los impresionistas, mediante pinceladas conceptuales, el lector tendrá que recomponer extrayendo sus propias conclusiones.
La prosa –impecablemente traducida por Pilar González Rodríguez– es rápida, nerviosa, en zigzag, para poder cambiar sin previo aviso de escenario, personaje o época.
No creo que me equivoque si afirmo que se trata de una sátira del comportamiento humano. Y, como todas las sátiras, parte de una situación, absurda en principio, pero real en este caso, aunque solo como punto de partida: alguien, un paisano del autor, anuncia en la prensa de 1963 la compraventa de material bélico con el propósito de exponerlo en una especie de museo de los horrores que serviría de mensaje antibelicista. Tal como aclara Magris en su nota final –y la necesidad de este mensaje aclaratorio es lo único que, en mi opinión, desentona en el conjunto–, todo el resto de la trama, así como los rasgos de los personajes y los datos de todo tipo que incluye, le pertenecen por completo.
El triestino que dedicó su vida a una misión de esa envergadura tiene nombre y apellidos, no así el protagonista de la novela, por cierto, fallecido ya desde el inicio en un supuesto incendio del local que iba a alojar su proyecto. El lector se enfrenta, pues, a los pensamientos y recuerdos de la encargada de continuarlo, Luisa Brooks, doctora, antigua alumna del personaje principal e hija de la desolación nazi, con una historia a sus espaldas de culpas y silencios, que repasa anécdotas de su familia o la vida de una tal Luisa de Navarrete –secuestrada por indígenas, fugada años más tarde, delatora a la fuerza– cuyo nombre se le impuso con la idea de honrar su memoria, y describe los elementos que se van incorporando al museo, su disposición y recursos didácticos, la misantropía de su mentor, la vida casi monacal que llevaba, su organizado y altruista síndrome de Diógenes. Y para compactar esa mezcla salpicada de metáforas y símbolos, el telón de fondo del nazismo, sus mandamases–comparados en algún momento a los cactus– convertidos muchos de ellos en ciudadanos respetables a la llegada de la paz gracias a un puñado de cómplices. Además, un escenario fundamental, la ciudad natal del autor, tierra de tránsito y miscelánea de culturas, que albergó en la Risiera de San Sabba el único campo de concentración de Italia, en cuyas paredes se grabaron nombres que alguien borraría más tarde dejando a los culpables impunes.


También de Claudio Magris: El Conde y otros relatos, El infinito viajar

martes, 17 de octubre de 2017

Rubem Fonseca: Bufo y Spallanzani

Idioma original: portugués
Título original: Bufo & Spallanzani
Año de publicación: 1985
Valoración: Muy recomendable

Gracias a dios que hace tiempo que la novela policiaca no se considera como un género menor, sin importancia o interés; ya casi nadie se atrave a despreciar un género que nos ha dado las novelas de Camilleri, Petros Markaris, Manuel Vázquez Montalbán o Leonardo Padura, por mencionar a unos cuantos. Y es en esa digna tradición de la novela policiaca bien escrita y bien pensada donde se sitúa Rubem Fonseca, escritor brasileño de justa merecida fama internacional.

Hace ya algún tiempo que reseñé por aquí El seminarista, una novela que clasifiqué como "divertida"; sin embargo, después de leer Bufo y Spallanzani, aquella otra empalidece y parece claramente una obra inferior, por su menor complejidad y ambición. En Bufo y Spallanzani, el enredo policiaco existe (de hecho adopta la clásica forma del whodunit, del crimen violento que el detective debe resolver), pero este enredo es secundario en una obra que juega a crear distintos niveles narrativos y textuales superpuestos, casi como Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino aunque con más humor.

En realidad, crímenes hay tres, sucedidos en tres momentos y lugares diferentes: el asesinato de la millonaria Delfina Delamare; el supuesto fraude de un hombre que se finge muerto para cobrar el seguro; y el asesinato de una mujer en una villa de retiro en medio de la selva. Lo que los tres crímenes tienen en común es la coincidencia de dos personajes: el escritor (y narrador encubierto de la novela), Gustavo Flavio, antes conocido como Ivan Canabrava, y el policía Guedes, que se encargará de investigar los tres crímenes en distintos momentos de su carrera.

Pero como digo, lo de menos es al final descubrir quién cometió los tres crímenes; lo mejor es el juego de historias dentro de historias; de voces que se suplantan unas a otras, con distintos nombres y distintas personalidades; las autoreferencias metaliterarias (el escritor Gustavo Flavio está obsesionado con escribir una novela titulada Bufo & Spallanzani) o el sentido del humor propio de Rubem Fonseca, que se manifiesta en su estilo desenfadado (que, una vez más, no sé cómo habrán conseguido mantener en la traducicón española), y en la galería de personajes alocados que rodean a los protagonistas y que crean un mundo tan irreal como creíble.

Tengo entendido que esta es la obra maestra de Rubem Fonseca, y como decía al principio, comparándola con El Seminarista se ve claramente que existe en esta una mayor ambición, una complejidad mucho mayor y un deseo consciente de experimentar con la forma y con el género. En todo caso, si la calidad de las obras (y el placer de lectura que proporcionan) se mantiene en el nivel de estas dos, no cabe duda de que vale la pena seguir leyendo al escritor brasileño. Sobre todo, si eres amante de la buena literatura policial.

lunes, 16 de octubre de 2017

Valeria Luiselli: Los niños perdidos

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable

Son ciento y pico páginas y se leen en algo más de una hora y media. Certifican que los residentes en los USA, de forma legal o de forma ilegal, ya empiezan a resignarse a vivir en lo que llaman Trumplandia y ya empiezan a concienciarse que la cosa va para largo o algo muy gordo ha de suceder para que esto no sea así. Aunque no culpan solamente al pasado más reciente. Alguna de las normativas que se mencionan a lo largo de estas páginas ya refieren al periodo Obama y no sería justo olvidarlo, mejor, sería muy injusto optar por eso tan correcto de culpar a Trump de todo la malo y a Obama de todo lo bueno.
El subtítulo de este libro es Un ensayo en cuarenta preguntas. Y esas cuarenta preguntas son las que integran un formulario que los niños que cruzan ilegalmente la frontera mexicana y se introducen en los USA han de responder, y sobre esas respuestas la autoridad de inmigración de la land of the free decide qué hacer. Valeria Luiselli, a su vez una inmigrante pero ya con su green card y todo, usó. para escribir este texto que puede ser considerado fríamente como revelador pero podría calificarse, según el día, de "escalofriante", su experiencia como entrevistadora y posterior traductora de las respuestas de los menores . Respuestas en función de las cuales los menores podrían ser repatriados o acceder al status de refugiados. Preguntas que parecen las de esos complejos tests de personalidad en que se pregunta básicamente lo mismo reformulado una y otra vez, pero que vienen a delatar la enorme aura de superioridad (y por tanto desconfianza hacia lo ajeno) de las autoridades de USA, cuestión que, aunque sea comprensible, pasa a un nivel paranoico cuando se habla ya de cuestiones religiosas. Las preguntas no es que vulneren el principio de privacidad y el derecho a la intimidad. Es que no puedo deciros por donde se pasan ese derecho, que me echan del blog. Formuladas a un menor, que puede ser de 5 o de 16 años pero que puede incurrir en un terrible error al contestarlas y que ello, acompañado de poca pericia en algún abogado que ha tomado el caso porque no había otro, acarree con su deportación y con su colocación en el sitio de donde ha escapado, y de su futuro no me hables que no me importa y que pase el siguiente. Los menores huyen de la injusticia o de la pobreza o de las bandas que los coaccionan para que se integren en ellas, a veces han tomado un tren o un autobús (La Bestia) y sus familias se han endeudado no para que persigan un sueño sino para que se alejen de una pesadilla. A veces van a unirse a sus padres que han hecho de avanzadilla. Pero son menores y normalmente han pasado un tiempo expuestos a riesgos ("escalofriante": que el 80% de las menores sean violadas en ese trayecto y que ya tomen anticonceptivos antes de emprenderlo, como pura medida de precaución para que la cosa no "pase" de eso), han recorrido kilómetros a miles y han traspasado más de una frontera.
En fin, el libro nos pone al corriente, con corrección y oficio, de un enorme drama del que la mayoría somos ajenos, y que parece que irá a peor. Como digo más de una vez, muy libres todos de seguir mirando hacia otro lado, por supuesto. Cómo no.

domingo, 15 de octubre de 2017

Steven Patrick Morrissey: Autobiografía

Idioma original: inglés
Título original: Autobiography
Traducción: Rubén Martín Giráldez
Año de publicación: 2016
Valoración: Se deja leer


Está bastante claro por qué uno lee una autobiografía: morbo y cotilleos al margen, casi siempre porque se considera interesante lo que determinado personaje ha hecho, su obra, y a veces también su vida. En mi caso –poco mitómano- la trayectoria musical de Morrissey, especialmente en su primera parte, figura en la zona más alta de mis preferencias, y el caballero en cuestión parecía presentar peculiaridades que me movían a la curiosidad. Por si alguien no lo sabe todavía, Morrissey –como así se le conoce, a secas- fue el vocalista y letrista del grupo británico The Smiths, que lo petó allá por los años 80 del siglo pasado, ese intenso periodo en el que muchas joyas de la música coexistieron con una cantidad nada desdeñable de basura acústica. Si no me equivoco, editaron cuatro discos de estudio en otros tantos años, además de varios recopilatorios, de los que ‘Hatful of hollow’ (para mí, el mejor) tiene una reseña publicada hoy mismo en el elegante blog Un disco a la semana. A partir de ahí inició una carrera en solitario, ya más bien crooner y que he seguido con menos entusiasmo, aunque también está a buen nivel.

Aparte de por qué leer una autobiografía, la otra gran cuestión es por qué se escribe una autobiografía. Las posibles respuestas serían: a) Por dinero b) Porque alguien considera que su vida es muy interesante c) Para ajustar cuentas. Al final de esta reseña quizá tengamos una idea clara de la que en este caso es la respuesta correcta.

Morrissey es el hijo menor de la típica familia numerosa irlandesa emigrada a Manchester, donde nació Steven. Sin ningún preámbulo entramos en su infancia y adolescencia, entre viejas casas, pesadumbre y gente desnortada, en una ciudad cubierta por una ‘nube de amargura’. Casi todo el primer cuarto del libro se centra en la aterradora experiencia escolar: Morrissey despacha mandobles con saña, página tras página, hacia aquellos profesores –con nombres propios- que en su día dedicaban a sus alumnos castigos físicos continuos, pero sobre todo desprecio y hostilidad sin límites. Esta crítica al sistema educativo, feroz y cargada de rencor visceral, es bastante frecuente en Inglaterra (en el ámbito musical, véase el famoso ‘Another Brick in the Wall’, de Pink Floyd), lo que resulta muy significativo. Llegado a los 14 o 15 años, Morrissey parece estar ya en el límite (‘seguramente soy parte de un experimento científico de aguante, o una broma de Dios’), y la música es la única e improbable luz que cree descubrir.

No se puede decir que Moz se haya esmerado mucho en contarnos su entrada en el mundo de la música y la creación de los Smiths. Todavía menor de edad, empieza a quedar fascinado por sucesivos artistas y bandas (Bowie, Patti Smith, sobre todo los New York Dolls), y un breve contacto con un músico le conduce, casi por casualidad, a conectar con Johnny Marr. De ahí a los Smiths, los conciertos y el inicio del éxito van poquitas páginas, y habrá que esperar a más adelante para encontrar algún comentario sobre aquellas experiencias iniciales.

Todo el texto es una especie de avalancha de recuerdos o más bien sensaciones sin interrupción, y a veces parece la letra de una canción interminable. Apenas encontramos algún que otro punto y aparte –generalmente, colocados sin mucho sentido- y desde luego ningún apartado, capítulo o epígrafe que ordene un poco el relato. Se diría que el autor va soltando ideas como si estuviera bajo hipnosis, y el estilo tampoco ayuda en absoluto, es un tono a veces adolescente, intenso y metafórico, cargado de una ironía amarga, y a ratos tan confuso que uno renuncia a entender del todo ciertas frases. Tampoco la traducción da la sensación de ser capaz de dominar esa prosa encrespada, que a veces quiere ser poética y otras se regodea en el lodazal. Vamos, que no es una lectura de la que se disfrute precisamente, y hay que ir extrayendo las ideas con paciencia si queremos progresar.

Sorprende también no encontrarnos los elementos habituales en la biografía de gente de la música: poco sexo (o casi nada), alcohol a cuentagotas (casi literalmente) y nada en absoluto de drogas. No sé si Morrissey se lo salta porque no lo considera interesante, o simplemente porque hay poco o nada de todo eso (difícil de creer, pero podría ser), pero hay que decir que tampoco se echa de menos exactamente. Eso de las juventudes edificadas sobre el perico, las orgías y el whisky, está muy visto y a nadie escandaliza ya.

La posición del músico mancuniano es siempre crítica con casi todo lo que le rodea, pese a ser ya algo parecido a una estrella y los Smiths un grupo reconocido y relativamente vendedor. Las tortas se reparten por igual hacia su discográfica Rough Trade, críticos musicales y emisoras de radio, sin que se libren sus propios compañeros de banda, incluido el genial Marr. De manera que la irritación y hostilidad que parecían justificarse en un jovenzuelo inadapatado no sólo se mantienen, sino que se incrementan. Y así, la disolución de los Smiths, envuelta en un considerable mal rollo, termina años después en un juicio al que dedica ¡50 páginas! de hiel y furia incontrolable.

Su carrera en solitario tampoco consigue frenar del todo el ímpetu destructivo, y hasta que llegamos a las últimas páginas no encontramos un ápice de alegría, casi ni un brote de simpatía, de afecto, ninguna sensación positiva. Es una retahíla de reproches, tonos desabridos, chistes ácidos, resentimiento contra todo y contra todos, conjunto tampoco muy entendible en un tipo que ha triunfado. Vamos, que ya tenemos clara la respuesta a la cuestión inicial sobre el porqué del libro. Movido por la paranoia y el victimismo, Morrissey es, en sus propias palabras, un tipo ‘intolerablemente egocéntrico e impostadamente depresivo’. Bueno, al menos es sincero. Y, por decirlo todo, terminando el libro parece colarse en su vida una brizna de satisfacción a la vista de la gente que acude a sus conciertos, de forma que nuestro músico parece haber encontrado algo de paz espiritual.

Pero, claro, esto es una autobiografía y, aunque no esté realmente muy bien escrita ni disfrutemos casi nada de la lectura (parece escrita a la carrera, quizá no muy bien traducida y más bien mal editada), resulta que consigue plenamente el objetivo, no sé si del autor, pero sí del género: retratar con fidelidad al personaje. De manera que tenemos una descripción, cruda y seguramente veraz, de un tipo que parece permanentemente infeliz. O tal vez todo se resuma en aquella frase que cantaba en la maravillosa 'How soon is now?':

'I am human and I need to be loved'

sábado, 14 de octubre de 2017

Danielle Collobert: Asesinato

Idioma original: francés
Título original: Meurtre
Año de publicación: 1964
Traducción: Pablo Moíño Sánchez
Valoración: Muy recomendable

Si uno se fija únicamente en el título del libro, “Asesinato”, puede llegar a pensar que se encuentra ante una novela negra. Nada más lejos de la realidad. Ni novela ni negra. Y no es necesario adentrarse demasiado en el libro para darse cuenta de por dónde irán los tiros porque ya en la tercera o cuarta página puedes leer “y a qué agarrarse cuando uno ya no reconoce ni sus propias manos, ni su propio paso, ni siquiera la pequeña dosis de desesperación cotidiana”.

Se trata, como poco a poco vas comprobando, de un libro, a medio camino entre el diario, el relato breve y el poema en prosa, con el que la autora parece colocarse frente a un espejo para estirar el brazo,  sacarse las vísceras y, así, extirpar el dolor (dolor de vivir, dolor de sentir).

No es, como ya habréis imaginado, un libro “fácil” ni “cómodo”. Es un libro breve, de unas 130 páginas, que apenas ofrece resquicios por los que entre el aire fresco, con el dolor, la muerte y la desesperanza como hilos conductores, plagado de imágenes y sensaciones, y tremendamente personal. Es uno de esos libros no "hechos para disfrutar".

En cuanto a posibles influencias o similitudes, la más evidente es “El oficio de vivir”, de Cesare Pavese. Párrafos como los que transcribo a continuación podrían formar parte del testamento vital y literario del italiano sin ningún problema:

Tengo la impresión de vivir una muerte

Estoy perdida en las calles…El día se desgarra

Una mañana tendría que rechazar el cansancio del día, todo el cansancio de los días por venir. Marcharme

Estoy sin fuerza. Me aferré a ella y por eso la engullí, la vomité, la pisoteé.

Como con un buril, en cobre, tengo que grabar las últimas palabras, en el centro de un dibujo que debería traducir la calma la serenidad, y también todo ese tiempo vivido y devorado


Pero no solo Pavese. También tiene uno la impresión de estar leyendo, por momentos, a un “Maldoror” infinitamente más terrenal que el de Lautreamont, aunque cargado de la misma lucidez y radicalidad. Y también, en ocasiones, uno cree estar inmerso en alguna de esas búsquedas,  imprecisas y condenadas de antemano al fracaso, de los personajes de Modiano.

En cualquier caso, esto son solo referencias para tratar de situar una obra altamente recomendable, densa y oscura, a la que no conviene acudir en caso de depresión. Avisados estáis.

viernes, 13 de octubre de 2017

David Rubín + Marcos Prior: Gran Hotel Abismo

Idioma: español
Año de publicación: 2016
Valoración: entre recomendable y está bien

Si comenzamos una reseña diciendo que la obra que nos ocupa contiene referencias a Lúkacs, Adorno o Steiner, posiblemente más de uno de nuestros lectores pensaría que el que esto escribe es un maldito pendante hablamos de un ensayo sociopolítico o de un libro de filosofía. Pues hala, no: como puede deducir cualquiera por las ilustraciones que acompañan a la reseña de hoy, nos encontramos ante una novela gráfica-llámala-mejor-cómic, de lo más modernuqui, eso sí, dentro del panorama historietista hispano.

El cómic que nos ocupa destaca, sin duda, por su aspecto gráfico.. y eso que la historia que nos cuenta o pretende hacerlo, resulta también de lo más rupturista: la crónica -de aquella manera- del estallido de una revolución en un mundo distópico que se parece , por otro lado, bastante al real. Esta especie de crónica está articulada en cuatro capítulos. en el primero, se nos presenta una manifestación reivindicativa pero pacífica que acaba en trifulca general a partir de la actuación de un personaje cachotas y encapuchado que llaman "el Animador" (sí, como en los hoteles para jubilados de Benidorm). Vaya , que el tío la lía parda y hasta ahí puedo leer... No obstante, lo más interesante es cómo se reflejan las reacciones subsiguientes -y para todos los gustos-que tienen lugar en esa esfera virtual compuesta por tele y redes sociales y que se ha convertido en omnipresente en nuestro mundo tan empantallado (no digamos en el de este cómic).

El segundo capítulo narra el secuestro de un o de esos funcionarios-economistas que gobiernan en los organismos internacionales y que parecen hallarse por encima del bien y del mal. El tercero, un incendio en un hotel que sirve para reflejar la escasa intimidad que nos queda ya, a causa las vidas paralelas que llevamos muchos en esa esfera virtual que he mencionado antes. Para muestra, los datos a los que cualquiera puede acceder a través de Fakebox  o la Willywonkapedia (sic). Ah, y por cierto, lo de bomberos y policías dándose leña no sé a qué me recuerda; humm... dejadme que piense...

El último capítulo cuenta la resolución de ese proceso revolucionario -tranquilos, que no voy a contar en qué acaba la cosa-, con la curiosa inserción de un par de guiños culturetas (que yo haya pillado): al célebre Eternauta, por un lado (quien nos lea desde Argentina sin duda sabrá de quién hablo) y al mismísimo Velázquez por otro. En fin, esto es lo que hay... la historia tampoco busca la profundidad ni la instrospección de sus personajes; el guión, con tener ciertos puntos de originalidad, resulta quizá demasiado fragmentario (tal vez fuera el efecto deseado): más parece una acumulación de escenas que una imbricación entre ellas hasta conseguir una narración bien lograda. Aunque ya digo que puede que sea lo que se haya buscado, de igual modo que estamos cada vez más acostumbrados a informarnos sobre la realidad (o lo que se nos ofrece como tal), a través de esa omnipresente multipantalla actual que lo trocea todo en titulares, videos, posts, tuits, gifs y yo qué se qué más...

Es su aspecto visual, sin duda, el que más seduce de esta obra, comenzando por el formato apaisado, que permite unas viñetas-escenas salpimentadas de otras de pequeño tamaño (supongo que esto  tiene un nombre técnico, pero lo ignoro), verdaderamente espectaculares -y que ya tenía bien practicadas Rubín en un anterior trabajo: Beowulf-;  terminando, o viceversa, por el genial uso del color, que es retorcido, desvirtuado y adaptado a cada ilustración de manera enérgica y atrevida, siguiendo, al parecer, los hallazgos de la ilustradora Lynn Varley -colorista, por ejemplo, de 300- en la obra Batman DK2. Una auténtica gozada, en serio. Ahora bien, para que se vea que uno también lee sus cosillas (aunque no las asimile...), aquí dejo una de las "suras" de Guy Debord, que nunca viene mal:

"Allí donde lo real se cambia por imágenes, las imágenes se convierten en la motivación eficiente de un comportamiento hipnótico".