martes, 17 de enero de 2017

Joyce Carol Oates: Rey de Picas

Idioma original: inglés
Título original: Jack of Spades. A Tale of Suspense
Año de publicación: 2015
Traducción: José Luis López Muñoz
Valoración: está bien

Vamos a realizar un ejercicio de memoria literaria, amigos y compañeros ULADianos: ¿de qué escritor creéis que puede ser el siguiente argumento?: un exitoso autor de novelas de misterio mainstream escribe también otras más "cañeras" utilizando un pseudónimo, hasta que comienza a plantearse dejar de hacerlo, momento en el que ese pseudónimo parece cobrar vida propia y a interferir en la vida del escritor real. No, Koldo, no es de Proust, vaya idea... ¿Qué dices, Santi? ¡No, hombre, no... menuda obsesión con Murakami! ¿A nadie se le ocurre algo más plausible? A ver: oigo una voz que llega desde la lejanía... parece la de nuestra añorada Izas... ¿Cómo dices? ¡Exacto, gracias, Izas; sabía que podía confiar en ti: es el argumento de una novela de Stephen King! Por concretar, es el de La mitad oscura, una de las más interesantes, en mi opinión (aunque tampoco soy un experto) del autor de Maine y que escribió, precisamente, a raíz de su renuncia al pseudónimo que utilizaba, Richard Bachman. Pues así es también en esta novela de Joyce Carol Oates el inicio, al menos, de la trama, aunque luego cambie con respecto a la de King. De hecho, la cosa se complica cuando aparece una lectora chiflada de los libros del escritor que...

_ ¡Espera, esa sí que me la sé: es Misery!

_ Sí, bueno, también sale aquí algo que tiene que ver con Misery, aunque la novela no va por ahí... pero es cierto que las referencias a Stephen King son constantes desde la primera página, hasta casi convertirlo en un personaje más... Incluso se diría que Oates se trae bastante coña marinera cierto juego metaliterario a su costa (de hecho, aunque ignoro cuales son las relaciones personales entre ambos autores norteamericanos, casi parece que Rey de Picas constituye una especie de broma privada entre ambos. "¡Oye, Steve, te apuesto lo que quieras a que soy capaz de escribir una novela de las tuyas mejor que tú, incluso a partir de uno de tus argumentos!" "No te lo crees ni tú, Joyce... venga, vale, y el que pierda paga el six-pack de Miller que nos estamos bebiendo..."). Por lo demás, la sorna de Oates no se limita a sus referencias a colegas literatos reales -no sólo King- , sino que se ceba, a lo largo de toda la novela, en el protagonista, Andrew J. Rush, como ya he mencionado un exitoso autor de novelas de misterio "blanditas", esposo, padre y ciudadano ejemplar -o así se ve él mismo-, adalid de la corrección política y de la tranquila vida campestre, pero que parece ocultar un Mr. Hyde en su interior.

Y hasta aquí puede leer (es decir, escribir) para no estropearle la trama a nadie. Simplemente, debo avisar que se complica bastante... aunque tal vez no tanto como sería de desear. Me explico: la novela está escrita con la eficacia y hasta excelencia estilística que cabe esperar de tan insigne autora. Bien. La trama, aun no partiendo, ya digo, de un presupuesto original suyo, se va complicando de forma gradual, e incluso a su favor hay que decir que Oates sabe cómo introducir esas "complicaciones" de forma sutil, sugiriendo de manera exquisita lo que luego va a ir ocurriendo a lo largo de la historia; estupendo, también... Pero llega un momento en el que, quizás debido a la idea de mantener la narración dentro de los límites de una novela corta, la autora se decide por el camino más obvio, por no decir "fácil" (este adjetivo, con todo el entrecomillado del mundo), hurtando a los lectores la posibilidad de disfrutar de todo un novelón del género de suspense o thriller psicológico que podía haber sido este libro y limitándose a dejarlo en una especie de divertimento metaliterario, un guiño cómplice hacia sus colegas escritores y a los lectores más avisados. Porque, eso sí, lo "metaliterario" está presente en todo momento en esta novela y no sólo como referencia a otros autores o libros, sino con la inclusión de temas cuyo mayor desarrollo quizás habría tenido su interés: las vicisitudes de la creación literaria, el peligro de caer en el plagio, la dislocación personal que puede suponer dedicarse al oficio de escritor, etc...

No conozco tan bien la obra de Joyce Carol Oates (y a ver quíén: 50 novelas, 400 cuentos, no sé cuántos libros de otros géneros...) como para saber si sus lectores habituales estarán complacidos o decepcionados con esta novela. A mí me ha dejado más bien tibio. Ahora bien, estoy dispuesto a insistir con esta autora, una de las candidatas habituales al Nobel, a ver si cuando se lo den me pillan siendo ya un experto y puedo lucirme... Aunque, entre nosotros, si yo fuese el mandamás de la Academia Sueca de marras, a quien se lo concedería sería a Stephen King, ¡que eso sí que sería un puntazo! ; )


Otras obras de Joyce Carol Oates reseñadas en Un Libro Al Día: Puro fuegoViolación: Una historia de amor

lunes, 16 de enero de 2017

Stephen Witt: Cómo dejamos de pagar por la música

Idioma original: inglés
Título original: How Music Got Free
Año de publicación: 2015
Traducción: Damià Alou
Valoración: muy interesante

Entre pagar 18 o 20 euros por un CD que, a lo mejor, acaba no gustándote del todo, o bajártelo gratis para oírlo mientras decides dejarlo morirse o no en los abismos de un disco duro no parece haber color. Entre oír una tras otra las canciones que más te gustan de unos cuantos artistas o tragar una tras otra canciones de relleno porque el artista de turno quiere demostrar que es capaz de agotar los 74 minutos de un CD metiendo lo que sea (silencio, remezclas, versiones, descartes, demos) tampoco hay demasiada duda.
El título del libro lo dice: una serie de hechos lo hicieron posible.
Todo ello tiene unos cuantos responsables, claro. Y hay que señalarlos y echarles la culpa de todo: de tiendas cerradas y pérdida de puestas de trabajo y deterioro de la calidad y confinamiento de la música (ese arte sagrado que expresa lo que el silencio no puede expresar y bla bla bla) a mero fondo sonoro útil para cualquier otra actividad. Ese proceso no se gestó en poco tiempo ni en un solo lugar. Una vez la cosa fraguó, fue rapidísimo, claro. Dejad la puerta del supermercado abierta y decidle a la gente que entre y tome lo que quiera sin pagar. Claro que fue rápido, y llámese eMule o Kazaa o BitTorrent o Megaupload el fenómeno de las descargas ilegales se expandió y el golpe asestado es un golpe del que la industria del entretenimiento no va a reponerse. 
Stephen Witt sitúa tres escenarios para esta crónica/reportaje que se lee, no es broma, como una especie de novela de suspense. El tecnológico, con Karlheinz Brandenburg, ingeniero alemán que lucha contra sus competidores por imponer su standard de compresión de archivos sonoros, aquel que garantice máxima fidelidad con menor tamaño de fichero a almacenar o transportar por la red. Triunfando: mp3 no sé si la RAE lo habrá aceptado, pero buscadme al guapo que no sabe qué es. El empresarial, con Doug Morris, un ejecutivo voraz por el cobro del bonus y de las stock options que cierra el círculo: gestionar una empresa de forma que él pueda obtener el provecho que necesita. A cualquier precio, y por supuesto el factor calidad artística es un obstáculo fácilmente evitable. Y el mundano, con Dell Glover, operario en la cadena de distribución de CDs que descubre una buena manera de ganarse un sobresueldo: filtrar las novedades de forma que estén disponibles en la red antes que en las tiendas. Un trabajo adictivo y casi teñido de romanticismo. El Robin Hood que democratiza el acceso al arte. Cualquiera  sabe de sobra cuál es el destino de cada uno de estos factores y Witt se guarda muy hábilmente de emitir o inducir un juicio de valor o una opinión, porque por mucho que nos quejemos sabemos cuál es el resultado: sólo un obsesivo de la nostalgia puede afirmar que la música no se disfruta actualmente en MP3, AAC u OGG. Sólo un snob insoportable puede pensar que era mejor un mundo con la gente gastándose su poco dinero en enriquecer a tipos como Morris o conseguir que Madonna o las stars de turno hicieran más grandes y ostentosas sus mansiones con piscinas en forma de riñón.
Los efectos colaterales de ello todo el mundo parece aceptarlos tranquilamente. Las compañías han sido avariciosas y eso llamado mercado que justifica desde los desahucios hasta el ostracismo para muchas buenas iniciativas les ha propinado un uppercut. La tecnología se ha llevado por delante incluso a quienes pretendían dosificar sus hallazgos. Witt triunfa gestionando los tempos y parece ser capaz de escribir con igual maestría de la deriva de los continentes o del devenir de la liga de fútbol. Uno de los ensayos más fascinantes sobre los cambios bruscos a los que nos ha llevado la tecnología, y cómo nos hemos adaptado tanto que ya no concebimos el mundo sin ellos. 

domingo, 15 de enero de 2017

Siri Hustvedt: El hechizo de Lily Dahl

Idioma original: inglés
Título original: The Enchantment of Lily Dahl
Año de publicación: 1996
Traducción: Gian Castelli Gair
Valoración: recomendable para fans

Escritora de amplia riqueza cultural y multidisciplinar, con grandes intereses que abarcan no sólo la literatura sino también el arte y la psicología, Siri Husvedt mantiene a lo largo de su obra ciertos elementos ya característicos en ella. Así, tal y como ocurría en la anterior (y primera) novela de Siri Hustvedt "Los ojos vendados", las inquietudes principales de la autora siguen girando alrededor del comportamiento humano en lo tocante al deseo y al misterio existente en las relaciones entre personas, añadiendo pinceladas (y nunca mejor dicho) de tipo artístico.

En el libro que nos ocupa, la autora nos ubica en Webster (Minnesota), un pequeño pueblo en cuyo bar trabaja Lily Dahl, una joven camarera de carácter fuerte, luchador y atrevido. Sin mucha más distracción que el chismorreo y la habladuría, la vida sosegada, tranquila y monótona de los habitantes del pueblo se ve alterada por la llegada de Edward Shapiro, un artista de Nueva York que llega al pueblo para elaborar una obra pictórica algo particular. La obra consiste en la realización de retratos que contienen las historias personales de los modelos expuestos en los cuadros. Para poder pintar los lienzos, el autor necesita conversar durante horas con las personas a retratar para poder plasmar sobre la tela los sentimientos que se albergan en su interior y su auténtica personalidad. Asimismo, además del propio retrato, el autor pinta en el cuadro pequeñas viñetas con la historia de esa persona. De esta manera, diferentes habitantes del pueblo pasan ratos conversando con el pintor (conversaciones de las que se nos mantiene al margen) y empiezan a surgir una serie de rumores y misterios que copan el primer lugar en los chismorreos de sus habitantes.

Narrada desde el punto de vista de la joven Lily, la autora nos descubre como el carácter reservado de Ed despierta sus sentimientos y como se ve atraída no únicamente por su presencia sino por su carácter misterioso. Este hecho provoca un cambio en su personalidad  y actitud respecto a su propia vida de manera que empieza a cuestionarse su forma de afrontarla. Pero la aparición de Ed y sus retratos no únicamente afectan a Lily sino que, de igual manera, provocan la alteración de la vida cuotidiana del resto de los habitantes de forma que empiezan a sucederse un conjunto de situaciones extrañas donde se ven implicados de una manera u otra ya que el deseo, los celos y la personalidad extraña de alguno de los habituales clientes del bar se hacen presentes en la historia. Así, empezamos a descubrir las rarezas y detalles de ellos en una novela con cierto punto macabro, donde las escenas oníricas y visiones sufridas aportan misterio y oscuridad a la historia.

Al analizar esta novela en relación con el conjunto libros de la autora, los lectores que cuenten con Siri Hustvedt entre sus autoras favoritas sabrán que hay elementos de su literatura que son recurrentes a lo largo de su obra: el poder de los personajes femeninos, su visión sobre los hombres, anhelos e inseguridades. En línea continuista con su primera novela, la autora sigue indagando sobre el deseo y las relaciones personales añadiendo en este libro elementos de misterio algunos de los cuales aparecerán de nuevo con más profundidad en "Todo cuanto amé" aunque en otra forma, sustituyendo las pequeñas viñetas por maquetas de viviendas.

En cuanto a la valoración, desafortunadamente y muy a mi pesar, no puede ser más positiva ya que el libro avanza demasiado en el camino del misterio y se pierde entre tanto elemento onírico y surrealista, especialmente en su parte final. Únicamente en algunas ocasiones alcanza un nivel suficientemente alto para atraer la lectura de un lector que no sea un fan incondicional de la autora. Por contra, los seguidores de la obra de Hustvedt, y a pesar de que este libro no llega a la calidad del resto, sí encontrarán algunos elementos destacables que les permitirá constatar la evolución de la autora desde estos inicios algo titubeantes hasta la gran escritora que es en la actualidad.

sábado, 14 de enero de 2017

Gabriel Miró: Las cerezas del cementerio

Idioma original: español
Año de publicación: 1.910
Valoración: Está bien

No hace mucho tiempo comentaba cómo Max Aub se había quedado en tierra de nadie, ensombrecido por la generación del 98 y el grupo del 27. Algo parecido le ocurre a Gabriel Miró, figura siempre descolocada, como a rebufo de los grandes popes de las letras españolas y, como dice en su introducción Vázquez-Rial, ‘salvo excepciones, la permanencia de un autor en la historia de la literatura depende de su instalación en la sociedad literaria de su tiempo’. O sea, que el que no queda asignado a una generación o grupo concreto, lo tiene bastante crudo para fijarse en los libros de literatura. Por si fuera poco, parece que Ortega y Gasset crucificó desde el punto de vista artístico al pobre Miró, y de nada sirvió que Valle y algún otro salieran en su defensa, porque entonces Ortega era mucho Ortega. En definitiva, yo creo que lo que le pasa a don Gabriel es que es más modernista que noventayochista y, sobre todo, más poeta que novelista, como vamos a comprobar a continuación.

En ‘Las cerezas del cementerio’ no ocurre realmente casi nada, al menos nada interesante, lo cual ya sabemos que no tiene por qué ser un problema, siempre que a cambio se ofrezcan otras cosas. La pequeña historia la protagoniza un tal Félix, un jovencito enamoradizo que parece la caricatura almibarada del joven Werther. En una travesía en barco, el chico queda prendado de una bella treintañera, lo que no tendría nada de particular, si no fuera porque también siente cosquillitas cuando piensa en la hija adolescente de su amada. Y algo parecido le pasará con otra mujer que encuentra en un tren, o con su prima Isabel, con la que se reencuentra en el pueblo. Pero ¿qué le pasa a este muchacho? ¿estamos acaso ante la figura, tan poco frecuente en la literatura española de la época, de un depredador sexual? Pues no. En efecto, Félix se ve tocado por el rayo del amor casi a cada paso, pero es que todo lo que le rodea le genera un impulso irresistible al disfrute y la admiración: un amanecer, los campos de cereales, las recias casas de los labriegos, todo es éxtasis vital, el chico fundido felizmente con la creación (o claro candidato a una buena depresión, que también).

Precisamente es este derroche lo que Miró maneja con maestría. Todo en el relato son emociones, aromas, colores, todo un despliegue sensorial en el que el enamoramiento permanente constituye un eje que vertebra y ayuda a explicar lo demás; pero tampoco es del todo (ni principalmente, creo yo) una historia de amores, como pudiera parecer. Desde luego, la técnica de Miró se ajusta a la perfección al contenido, con un diluvio de figuras retóricas, tropos, superlativos, y una riqueza léxica que, dejando a un lado a Valle-Inclán, no recuerdo haber visto jamás. Y además deja algunas imágenes excepcionalmente dibujadas, como ésta de la sombra de un carruaje, que me permito transcribir:

‘Las luces de gas sacaban un estrecho espectro de la bestia del carruaje; lo tendían en la tierra y en las paredes, lo doblaban, lo arrugaban entre las jambas, canales y fenestras, y lo hundían en los hoscos portales’

Tampoco voy a negar que toda esta artillería literaria puede resultar excesivamente abrumadora, en especial en las primeras páginas, cuando todavía no hemos cogido el pulso a la novela. Pero si nos ponemos a buscar una simbiosis lógica entre forma y contenido, no podemos encontrar nada más conseguido.

No obstante, al margen de esta borrachera estilística, hay que admitir que el relato encalla sin que el autor parezca saber por dónde salir, se vuelve un círculo cerrado que se va agotando en sí mismo, y no se ve a dónde conduce lo ya conocido. Por el camino se queda la oscura historia del tío Guillermo (que acaba siendo una especie de muy cuestionable mcguffin) o las fantasmales apariciones de un asesino, todo lo cual, lejos de darle a la narración la entidad que se esperaba, queda como adornos superfluos que ni se desarrollan ni terminamos de entender qué pintan. Ni siquiera la previsible metáfora que da título al libro se explota con todas sus consecuencias. Al final, todo se resuelve en dos o tres páginas, un final atropellado en el que se presenta el montón de cosas que antes no habían ocurrido.

O sea, que sí, que don Gabriel escribía muy bien a su estilo y dominaba el léxico de forma apabullante, pero la verdad es que plantea una historia un poco tontorrona en la que no supo profundizar, ni fue capaz de darle un esqueleto argumental interesante o un desenlace que suscite el interés. Así que se queda uno con la sensación de fuegos artificiales, despliegue de medios técnicos ilimitados, pero sin eso que a veces he llamado chicha, enjundia, peso, nada que nos haga la novela un poquito inolvidable.

Y, pese a todo, igual es un tipo de literatura que conviene conocer y admirar por las cualidades que sí tiene.


viernes, 13 de enero de 2017

Edmundo Paz Soldán: Las visiones

Idioma original: Español
Año de publicación: 2016
Valoración: Bastante recomendable

Ponga en una olla una pizca de García Márquez, unas gotas de Orwell, una cucharada de Huxley y un pellizco de Philip K. Dick. Remueva durante unos minutos hasta que todos los ingredientes se hayan dorado. Pase la mezcla por la batidora y vierta el resultante en un montón de hojas en blanco. 

Si sois capaces de imaginar algo así, os podréis hacer una idea muy aproximada de lo que son las historias que componen "Las visiones".

Se trata de 14 relatos del género fantástico o ciencia-ficción, en los que hay mucha más ficción que ciencia, que ponen sobre la mesa una serie de temas de corte político o social. O, mejor dicho, el "continente" es ciencia-ficción pero el "contenido" es absolutamente real. Ambientados en un mundo ficticio (¿el futuro tal vez?), los temas son tan reales, tan vigentes como la violencia, la religión, el control social, el control mental, las drogas, los efectos del colonialismo, etc.

A modo de ejemplo: un relato sobre un juez que tiene visiones con personas por él condenadas, otro sobre hombres perdidos entre las ruinas de templos abandonados en la selva y que comparten, en cierto modo, un pasado común del que pretenden huir, otro en el que el protagonista es un sucedáneo del doctor Menegle experto en guerra lisérgica, otro sobre la convivencia (es un decir) entre humanos y replicantes al más puro estilo Blade Runner, etc.

La verdad, lo confieso, es que no soy demasiado aficionado a la ciencia-ficción. Pero el enfoque que da Paz Soldán a los relatos, además de ser tremendamente personal, es sumamente atrayente y original. Merece la pena acercarse a su particular universo.

Y ya puestos a recomendar otros libros de Paz Soldán, me atrevo a sugerir "Iris", su anterior novela. Y lo hago porque, pese a no haberla leído, los relatos de "Las visiones" son una extensión, en cuanto a temas y ambientes, de "Iris". Y si "Las visiones" es un muy buen libro, "Iris" imagino que no le andará a la zaga.

Aunque también podéis leer otros libros de Paz Soldán ya reseñados en ULAD, como Billie Ruth

jueves, 12 de enero de 2017

Carmelo Sardo/Giuseppe Grassonelli: Malerba. Vida a muerte en Sicilia

Idioma original: español
Título original: Malerba
Traducción: Nicolás Pastor
Año de publicación: 2015
Valoración: bastante recomendable

Malerba está más cerca de Una educación siberiana que de Gomorra. Podría mencionarse alguna de las obras más descarnadas de Edward Bunker por su veraz sentido de la realidad, pero diría que Bunker se sentía más orgulloso de su pasado criminal, y que Grassonelli, quizás narrador más joven y con alguna esperanza, apela al arrepentimiento como opción. No prioritaria, pero opción. 
Curioso: en esa narración puntillosa hay más detalles, más especificidad, de los encuentros sexuales que de los crímenes. Será cosa del vitalismo. Veinte años sin sexo, dice Antonio, con mucha claridad, y no queda tan fresco en el recuerdo que haya sido tan franco al lamentarse sobre veinte años sin libertad. Grassonelli elige para su narración, suponemos que por seguridad  y para alterar lo suficiente la realidad, ese álter ego. Un adolescente que ha crecido en un entorno (sobre el que será consciente de manera tardía) donde delinquir es algo habitual y casi necesario en la supervivencia. Robar, participar en peleas, elegir a alguien débil para ridiculizarlo, una especie de extremadamente cruel selección natural opera en su entorno. Y Malerba, mote adecuado (mala hierba) despunta ahí. Sin responder a organización ni jerarquía sus delitos van viento en popa. El más destacado, desplumar a las cartas a cualquier incauto que se cruce en su camino. O sea, trilerismo a gran nivel en partidas donde los jugadores pueden dejarse dinero a raudales, vehículos, o contraer deudas con gente muy poco recomendable. Malerba quiere ir por libre en una sociedad donde el crimen también es una institución de reglas muy estrictas. Y donde las diferencias se dirimen a toque de plomo. Así que Malerba se ve envuelto en una batalla contra la Cosa Nostra, batalla que involucra a su familia y donde, previsiblemente, sale perdiendo. Hay muertos en su familia y Malerba empleará todo su tiempo y sus recursos en tramar una venganza.
Curioso, #2: el Antonio en que se escuda Grassonelli evita en todo momento demasiada concreción o atisbo de colaboración con la estricta justicia italiana. No es que se arrepienta de sus delitos, sino que reivindica su derecho a ser un criminal por libre, sin organización detrás, sin una jerarquía paralela que se constituya en otro estado vampírico, en una trama piramidal de protecciones y comisiones. Como una especie de reivindicación del artesanado contra la producción industrial. Porque esto parece ser de lo que va Malerba: de un joven gobernado por las hormonas que busca su lugar en el mundo dentro del papel que le ha tocado representar, de una especie de rebelde que lucha por superar los errores del pasado sin que vea necesidad de borrarlos. Con ingenuidad y con tozudez, pero con una convicción que deja huella.

miércoles, 11 de enero de 2017

Antonio Soler: Apóstoles y asesinos

Idioma: español
Año de publicación: 2016
Valoración: bastante recomendable (sobre todo para interesados)

Dentro del santoral anarquista hispano destaca en un lugar prominente la figura de Salvador Seguí, llamado el Noi del Sucre, debido en gran medida a su trágico final, pero sobre todo por ser uno de los líderes sindicales más influyentes de hace casi un siglo, en los primeros tiempos de la CNT (también de los más discutidos en su época, aunque por lo que se refiere a las diatribas entre las diferentes familias y concepciones del anarquismo, parece que es algo que ha ido mutando y sobreviviendo al paso del tiempo).

El Noi del Sucre fue asesinado en marzo de 1923, a los 36 años de edad. Este libro, que podríamos denominar como una "biografía novelada", aunque en realidad es bastante más que eso, recorre toda su vida, desde su nacimiento en un pequeño pueblo leridano, del que salió en su niñez para ir a Barcelona. No obstante, la narración se centra sobre todo en los últimos años de su vida, cuando la CNT se había convertido en una de las principales fuerzas sindicales de España y, desde luego, la primera de Cataluña. En consecuencia, a partir de la huelga general de 1917 y, sobre todo, del éxito de la huelga de La Canadiense de 1919, los cenetistas barceloneses deben lidiar no sólo con la represión por parte de las fuerzas de orden público, sino también con la violencia por parte de los parapoliciales somatenes y los pistoleros de la patronal o del "amarillo" Sindicato Libre. Y, por otra parte, vérselas con los elementos más radicales del anarquismo, que no dudaban en recurrir a las pistolas y las bombas para defender sus posiciones. Por hacernos una idea: entre 1918 y 1923, cuando se impone la dictadura de Primo de Rivera, en Barcelona y alrededores se produjeron, según una estimación conservadora, más de 350 muertes violentas -aunque algunos atentados mortales tuvieron lugar en otras ciudades, como el que acabó con la vida del propio presidente del gobierno, Eduardo Dato-; lo cierto es que el libro puede leerse, en gran medida, como una novela de gángters o la crónica de una guerra mafiosa, que resultaría de lo más amena sino fuese porque, además de que hablamos de asesinatos reales, sabemos hoy que constituyó un antecedente claro del desquiciamiento posterior: no sólo la dictadura de Primo de Rivera ya mencionada, sino también de la Guerra Civil y la represión por parte del régimen franquista posterior.

Y eso que debemos resaltar el rigor y la sobriedad del estilo que el conocido novelista Antonio Soler le imprime a este libro; un estilo que, pese a lo truculento y hasta espectacular de alguno de sus pasajes, huye de cualquier efectismo gratuito y trata de centrarse -aunque sea inevitable recrear el ambiente y las circunstancias sociopolíticas de la época- en la figura carismática de Seguí y también en quienes le rodearon: su mujer Teresa, sus compañeros sindicalistas como su rival y luego cómplice Ángel Pestaña o Francesc Comas "Perones", que cayó junto a él; los amigos e interlocutores políticos, como fueron Francesc Layret y Lluís Companys, fundadores del Partit Republicà Català, asesinados también ambos (Companys en circunstancias aún más ominosas, si cabe). Igualmente tienen su lugar, como es lógico, sus adversarios, los perseguidores de la causa obrera: los siniestros jefes del pistolerismo, el ex-poliicía Bravo Padilla y el falso barón Koëning y los todavía más infames (en cuanto que abusadores del poder de sus cargos públicos) generales Martínez Anido -macabro administrador de la "Ley de Fugas"- y Miguel Arlegui. También, incluso, el asesino del Noi, un tal Inocencio Feced. Personajes todos que parecen más propios del género novelesco (y de hecho, ahí está más de una novela basada en ellos, como La verdad sobre el caso Savolta), pero que, para bien o para mal, fueron reales y forman parte de nuestra Historia.

Ya digo que pocas pegas se le pueden poner a este libro, escrito con gran rigor, honestidad y buen hacer literario (de hecho, no entiendo cómo hasta ahora no habíamos reseñado ningún título de este escritor... y soy el primero en entonar el mea culpa). La única que puedo ponerle no es, en verdad, responsabilidad de su autor, sino, en todo caso, del momento en que ha sido publicado y la percepción que un servidor tiene del mismo. Me explico: como ya ha señalado alguien antes que yo (suele suceder), estamos en un siglo en el que la literatura parece haber perdido interés por la ficción pura y se decanta más por lo "real" o por algún híbrido de la realidad, sea actual o histórica, con la narración... lo que podríamos llamar, en plan pedante, littérature vérité (por supuesto, es una percepción en gran medida falsa, siendo aún las novelas "puras" los libros más vendidos y leídos, aunque quizás no los títulos que suelen aparecer en los suplementos, las revistas culturales y los... ejem, blogs de aficionados al asunto); al ser una tendencia de gran predicamento en los últimos años, especialmente en las letras francesas, creo, libros como éste pueden acabar en el mismo saco que los de los epígonos de Emmanuel Carrère, por ejemplo y de esa forma, valga la paradoja, pasando más desapercibidos de lo que sin duda merecen. Esperemos que, al menos en este caso, no sea así.