domingo, 6 de septiembre de 2009

Franz Kafka: Carta al padre

Idioma original: alemán
Título original: Brief an den Vater
Fecha de publicación: 1952 (escrita en 1919)
Valoración: Muy recomendable

Los libros tienen muchas utilidades, sí...Se utilizan para pasar el rato y matar el rato; como pata apañada para mantener a los muebles danzantes en equilibrio; para darse importancia; para ser quemados y acabar así con molestas tendencias intelectuales; para vivir vidas paralelas; para saber un poquito más de historia y de vidas de celebridades de todas las clases...

En fin, que los libros sirven para muchas cosas. Y los escritores, también los utilizan para sus propios propósitos... Algunos los engendran para llegar a fin de mes (este es su uso, digamos, más práctico); otros para hacer gala de su estulticia (y para llegar a fin de mes), y también están los que a través de sus obras ajustan cuentas con el pasado y con sus fantasmas (y de paso, llegan a fin de mes).

Kafka, el amante de los funcionarios vuelva usted mañana, escibió Carta al padre para echarle en cara a su progenitor lo rígido, injusto, autoritario, opaco, mezquino, inclemente, agarrado, seco, despiadado y poco alentador que había sido con él y con el resto de su familia, pero especialmente con él, faltaría más...

Gran culpa de las inseguridades y miedos de Franz provenían, según él, de la forma en la que había sido tratado por su padre, un hombre que se sacrificó para que a su familia no le faltara de nada, pero que en materia de ternura, exteriorización de sentimientos y humanidad andaba un poco escaso...

Pese a que este libro sea una carta escrita al señor Hermann Kafka por su hijo con intención de que el hombre la lea, he de contarles que el abuelo de Gregorio Samsa no la leyó jamás; su esposa no se la entregó pese a que Franz Kafka se lo pidiera: así, el receptor de estas lúcidas letras murió sin conocer todas las lindeces que su hijo le dedicaba en su trabajo menos kafkiano (aunque quiero creer que el hombre se podía imaginar la clase de sentimientos que había despertado en un muchacho tan sensible como su vástago por culpa de la rígida educación que le había dado).

Carta al padre es un libro corto o una larga carta tan sencilla de leer como afilada y sobrecogedora en ocasiones.

Y qué injusto que su destinatario nunca la leyera...

Y encima, se publicó estando su autor ya muerto.

Me despido y me repito: los libros sirven, efectivamente, para muchas cosas. Y con éste, Kafka, al menos se desahogó un poco y espantó a uno de sus demonios: uno bastante antipático que vendía pasamanería en una tienda de Praga y que nunca confió en el talento de su hijo, el que luego se convertiría en uno de los grandes escritores de la historia de la literatura.

8 comentarios:

Jaime dijo...

Si no recuerdo mal, hay otro lugar en la obra de Kafka donde pueden verse las huellas de esa conflictiva relación -al menos explícitamente. El relato en cuestión es "Das Urteil" (El juicio), y en él aparece un joven que al principio está convencido de que su padre, con quien vive, se encuentra al final de su vida. Le llena de orgullo cumplir con sus deberes filiales y dedicar al padre todos los cuidades que este ya sin duda necesita.

Sin embargo, pronto cambian las tornas, cuando el señor parece despertar de su letargo senil con fuerzas renovadas y comportarse violentamente con él. Lo que era un viejecito que llevaba en brazos como a un niño recupera toda la terrible aureola del Padre acusador, y le juzga. El final es terrible, pero no lo adelantaré.

Estoy seguro de que el padre de Kafka debía de ser un tipo bastante antipático; ahora bien, reconozcámoslo: tener a Franz Kafka de hijo tampoco tenía que ser una perita en dulce. "!Franzie, que dejes de hacer la cucaracha y bajes a desayunar!" "Nooo, no quiero juzgarte ni condenarte sin pruebas ni nada, lo que quiero es que te comas la sopa..." Agotador.

Sonia dijo...

Vaya, justo estaba pensando en hacer una reseña sobre Kafka, y publicas una;-) he de reconocer que siento debilidad por este escritor. Supongo que en Metamorfosis la figura de ese padre autoritario y lejano también es extrapolación de sus propias experiencias.Un hijo complejo para un padre demasiado ocupado= hijo atormentado...

Ian Grecco dijo...

El ser tratado/educado de determinada forma por el padre y/o la madre puede marcar irremediablemente la personalidad de un hombre y por ende, su destino.

La sobreprotección, la disciplina espartana, la rigidez, el mensaje constante de que nunca se es demasiado bueno, el puritanismo o por contra, el libertinaje, la amoralidad, el descuido..., son peligrosos fantasmas a evitar a la hora de educar a un crío. Pero tiene que ser difícil no cometer errores de este tipo. Cuando tenga hijos lo sabré, supongo...

De todos modos, yo creo que los escritores y los creadores en general, seres quizás aún más sensibles que el resto, demuestran en numerosas ocasiones ser víctimas de estos fantasmas, lo que queda patente no sólo en su senda existencial, sino en su obra. Kerouac, sin ir más lejos, nunca pudo tener una relación normal con una mujer debido a la asfixiante influencia, estilo "normanbates", que ejercía sobre él su santa mamma. Y ahora mismo no se me ocurre ningún ejemplo más, pero creo que Sylvia Plath tiene un poema titulado "Papaíto" o algo así, no precisamente cariñoso...

Sería cuestión de poner en marcha la memoria: seguro que así nos sale otra lista de escritores especialmente marcados por sus progenitores.

Y como anécdota, decir que conozco a un escritor en ciernes que jura y perjura que cuando publique su primera novela se la dedicará a su madre, ya que ésta, cuando el muchacho le anunció su idea de escribir un libro, le disuadió así: "¿Libros? Todo el mundo escribe libros. Y cuando te lluevan las críticas, lo pasarás fatal". Glup...

Anónimo dijo...

Pues a mi me pareció mas bien flojete.

Desde el principio, tuve la impresión de que las palabras de Kafka eran malintencionadas, injustas y sobre todo extremadamente cobardes.

Me recordó al niño que tras ser castigado en el colegio, después en casa, describe a su profesor como si se tratara del mismísimo Calígula.

Total, como "Cartas a Milena" y "América", la prueba fehaciente de que el genio no ejerce 24h al día, por mucho que Max Brod y las editoriales en general hayan tratado de convencernos de lo contrario.

Algo que se hecha de menos en el blog es la divergencia de opiniones, los puntos de vista irreconciliables.

Espero no haber ofendido a nadie con mi entrada.

Saludos,

Santi dijo...

Hola, usuario anónimo, qué tal. No nos ofendes para nada, todas las opiniones, siempre que sean respetuosas, son bienvenidas. A veces sí que tenemos opiniones contrarias y las decimos (mira aquí o aquí, por ejemplo...

Sobre lo que dices con Kafka, tienes razón en varios aspectos: por ejemplo, que ni siquiera los genios aciertan siempre, y que idealizarlos y presentarlos como seres infalibles no les beneficia ni a ellos, ni a los críticos; también es verdad que como obra literaria independiente (es decir, si no existieran La metamorfosis, El Castillo o El proceso), probablemente no nos interesaría.

Dicho esto, y como La metamorfosis, El Castillo y El proceso sí existen, Carta al padre es un documento literario e histórico fundamental para comprender la formación de su personalidad y sus obsesiones literarias.

Y dicho esto, también es posible que, si conociéramos en persona a Kafka, nos pareciera un llorica.

Hector dijo...

Yo también creo que "Carta al Padre" muestra las peores cualidades de Kafka.

Y por cierto, no olvidemos los relatos.

Me quedo con: "En la colonia penitenciaria", "La concena", "Ante la justicia" y "El ayunador".

En ese orden; creo...

Raquel dijo...

Hablando de otros escritores que hacen "ajuste de cuentas" con sus progenitores, me quedo con este poema maravilloso de Cernuda:

La familia (Luis Cernuda)

¿Recuerdas tú, recuerdas aun la escena
A que día tras día asististe paciente
En la niñez, remota como sueño de alba?
El silencio pesado, las cortinas caídas,
El círculo de luz sobre el mantel, solemne
Como paño de altar, y alrededor sentado
Aquel concilio familiar, que tantos ya cantaron,
Bien que tú, de entraña dura, aún no lo has hecho.

Era a la cabecera el padre adusto,
La madre caprichosa estaba en frente,
Con la hermana mayor imposible y desdichada,
y la menor más dulce, quizá no más dichosa,
El hogar contigo mismo componiendo,
La casa familiar, el nido de los hombres,
Inconsistente y rígido, tal vidrio
Que todos quiebran, pero nadie dobla.

Presidían mudos, graves, la penumbra,
Ojos que no miraban los ojos de los otros,
Mientras sus manos pálidas alzaban como hostia
Un pedazo de pan, un fruto, una copa con agua,
y aunque entonces vivían en ellos presentiste,
Tras la carne vestida, el doliente fantasma
Que al rezo de los otros nunca calma
La amargura de haber vivido inútilmente.

Suya no fue la culpa si te hicieron
En un rato de olvido indiferente,
Repitiendo tan sólo un gesto trasmitido
Por otros y copiado sin una urgencia propia,
Cuya intención y alcance no pensaban.
Tampoco fue tu culpa si no les comprepdiste:
Al menos has tenido la fuerza de ser franco
Para con ellos y contigo mismo.

Se propusieron, como los hombres todos, lo durable,
Lo que les aprovecha, aunque en torno miren
Que nada dura en ellos ni aprovecha,
Que nada es suyo, ni ese trago de agua
Refrescando sus fauces en verano,
Ni la llama que templa sus manos en invierno,
Ni el cuerpo que penetran con deseo
Dos soledades en una carne sola.

Ellos te dieron todo: cuando animal inerme
Te atendieron con leche y con abrigo;
Después, cuando creció tu cuerpo a par del alma,
Con dios y con moral te proveyeron,
Recibiendo deleite tras de azuzarte a veces
Para tu fuerza tierna doblegar a sus leyes.
Te dieron todo, sí: vida que no pedías,
y con ella la muerte de dura compañera.

Pero algo más había, agazapado
Dentro de ti, como alimaña en cueva oscura,
Que no te dieron ellos, yeso eres:
Fuerza de soledad, en ti pensarte vivo,
Ganando tu verdad con tus errores.
Así, tan libremente, el agua brota y corre,
Sin servidumbre de mover batanes,
Irreductible al mar, que es su destino.

Aquel amor de ellos te apresaba
Como prenda medida para otros,
y aquella generosidad, que comprar pretendía
Tu asentimiento a cuanto
No era según el alma tuya.
A odiar entonces aprendiste el amor que no sabe
Arder anónimo sin recompensa alguna.

El tiempo que pasó, desvaneciéndolos
Como burbuja sobre la haz del agua,
Rompió la pobre tiranía que levantaron,
y libre al fin quedaste, a solas con tu vida,
Entre tantos de aquellos que, sin hogar ni gente,
Dueños en vida son del ancho olvido.

Luego con embeleso probando cuanto era
Costumbre suya prohibir en otros
y a cuyo trasgresor la excomunión seguía,
Te acordaste de ellos, sonriendo apenado.
Cómo se engaña el hombre y cuán en vano
Da reglas que prohiben y condenan.
¿Es toda acción humana, como estimas ahora,
Fruto de imitación y de inconsciencia?

Por esta extraña llama hoy trémula en tus manos,
Que aun deseándolo, temes ha de apagarse un día,
Hasta ti trasmitida con la herencia humana
De experiencias inútiles y empresas inestables
Obrando el bien y el mal sin proponérselo,
No prevalezcan las puertas del infierno
Sobre vosotros ni vuestras obras de la carne,
Oh padre taciturno que no le conociste,
Oh madre melancólica que no le comprendiste.

Que a esas sombras remotas no perturbe
En los limbos finales de la nada
Tu memoria como un remordimiento.
Este cónclave fantasmal que los evoca,
Ofreciendo tu sangre tal bebida propicia
Para hacer a los idos visibles un momento,
Perdón y paz os traiga a ti y a ellos.

Jaime dijo...

Hola Raquel. Gracias por compartir este poema, no lo conocía. Hay mucho dolor antiguo entre sus versos, y da la sensación de que esa esperanza final de perdón y reconciliación es más bien retórica (o quizá un deseo que Cernuda quisiera tener, y no tiene). Me ha dejado un gusto amargo, que es muchas veces el de la verdad desnuda... "Dos soledades en una carne sola" Terrible.