miércoles, 6 de junio de 2012

William Faulkner: Mientras agonizo

Idioma original: inglés
Título original: As I Lay Dying
Año de publicación: 1930
Valoración: Muy recomendable

Faulkner es un mundo. Eso no lo vamos a descubrir ahora. Sus novelas tienen un aire de "algo más grande que la vida", que parece estallar por las costuras del texto: un aire mítico, épico, a pesar de la pequeñez y mezquindad de muchos de sus personajes y situaciones. Será por su estilo, por la abundancia de alusiones y referencias bíblicas y literarias o por el aire primitivo y salvaje que respiran sus obras, o por la creación de un universo narrativo compacto, antecedente (como tantas veces se ha dicho) del Macondo de García Márquez, por ejemplo.

En Mientras agonizo (una obra menos monumental que El ruido y la furia o ¡Absalón, Absalón!, por ejemplo) hay algo de eso: personajes vulgares en casi cualquier sentido del término, enfrentados a unas circunstancias adversas, y que se sobreponen a ellas definiéndose al mismo tiempo a sí mismos (y no siempre para bien). El argumento es simple: cuando muere Addie Bundren, mujer de Anse Bundren y madre de Cash, Darl, Jewel, Dewey Dell y Vardaman, estos emprenden un viaje imprudente en medio de la tormenta para cumplir su voluntad de ser enterrada en Jefferson, junto a sus parientes.

Pero en Faulkner no vale con contar el argumento para hacerse una idea. En él, la técnica es tan importante como el objeto sobre el que se aplica. En este caso, la novela está narrada desde diversos puntos de vista alternantes (hasta 15 narradores distintos en los 59 fragmentos en que se divide el texto) que muestran, a través de monólogos interiores, la personalidad y las preocupaciones de cada personaje (Anse es egoísta y materialista; Cash es pragmático; Darl, sensible y soñador; Jewel, impulsivo y agresivo; Dewey Dell, ingenua en su desesperación...). También Addie Bundren, la fallecida, muestra en un fragmento abrumador la tragedia de su vida: casarse con un hombre al que no quería y darle hijos que no deseaba.

Y tampoco el estilo de Faulkner puede transmitirse contando solo el argumento de la novela: un estilo que puede ser intrincado y poético, o cortante y vulgar, según las necesidades de cada situación y la personalidad de cada narrador; así, después de leer los insultos de Jewel o las frases inconexas de Vardaman, te encuentras con frases como estas: "I feel like a wet seed wild in the hot blind earth" ("me siento como una semilla fresca y salvaje en la tierra caliente y ciega"); o "My father said that the reason for living is getting ready to stay dead." ("Mi padre decía que el sentido de la vida es prepararse para estar muerto").

Mientras agonizo no es probablemente la obra maestra de Faulkner, honor que corresponde seguramente a El ruido y la furia; pero sigue siendo una novela magnífica y terrible. Y para quienes no hayan leído nada de él, puede ser una buena manera de empezar: en ella encontrarán, en una versión condensada, los recursos, imágenes, espacios y personajes que conforman el conjunto de la obra de Faulkner.

También de William Faulkner: El ruido y la furia, ¡Absalón, Absalón!

1 comentario:

Paula dijo...

¡Qué difícil el monólogo interior! Es uno de esos recursos que ponen a prueba la pericia del narrador (y con narrador me refiero a autor, en este caso). Y más cuando, en este caso, son varios los personajes con los que se utiliza: cada cual tiene que tener su propia voz, bien diferenciada de los otros.

La primera persona, en general, plantea a mi modo de ver esta gran dificultad. Hay mucha gente -en mi opinión, equivocada- que cree que la primera persona es más fácil y opta por ella por ese motivo. Es taaan fácil que a uno se le vea el plumero...