miércoles, 17 de mayo de 2017

Higuchi Ichiyo: Cerezos en la oscuridad

Idioma original: Japonés
Año de publicación: 1892-1896
Traducción: Hiroko Hamada y Virginia Meza
Valoración: Muy recomendable

Higuchi Ichiyo fue una escritora japonesa que falleció en 1896, con apenas 24 años. Pese a su temprano fallecimiento, Ichiyo obtuvo en vida (no como suele ocurrir habitualmente) el reconocimiento de relevantes escritores de su época, como Ogai Mori.

Hoy día, y a pesar de que su rostro aparece en los billetes de 5.000 yenes, lo que nos puede dar una idea de la importancia de la autora en su país natal, se trata de una absoluta desconocida en España. Así que hoy en ULAD... ¡trataremos de hacer justicia!

Si por algo destaca la obra de Ichiyo, o al menos la reunida en este volumen, es por la denuncia del papel y el destino de la mujer en la sociedad Meiji y por la fina observación y caracterización de sus personajes. Hay que recordar que en 1868 comenzó la era Meiji, que supuso la ruptura del secular aislamiento japonés y su apertura a la cultura e influencia occidental. Pese a esto, las costumbres y tradiciones heredadas de la época anterior seguían enraizadas en la sociedad nipona. En lo referente a la situación de la mujer, la ausencia de derechos sociales y políticos seguía siendo terrible, y es en este contexto en el que hay que situar los relatos de Ichiyo, protagonizados mayoritariamente por mujeres víctimas de situaciones injustas. Veamos.

Abre el volumen "Cerezos en la oscuridad", temprano relato adolescente que narra la historia de un amor imposible. En el, como en algún otro relato que veremos más adelante, encontraremos redención, dolor y muerte. 

En "Día de año viejo" se trata más abiertamente la situación de la mujer. En este caso, la de una muchacha de 18 años vendida como sirvienta a una familia pudiente. Los temas fundamentales son las relaciones familiares, en particular su efecto sobre las mujeres, y la pobreza. Tanto una como otro llevarán a su protagonista a una situación límite, dominada por la impotencia y culpa, aunque aliviadas ambas con un sorprendente final redentor.

"Aguas cenagosas" sigue la senda del anterior. Ichiyo vuelve a denunciar el papel y el destino de la mujer, en este caso a través de un triángulo amoroso protagonizado por una prostituta, un hombre casado y la esposa de este. La situación, para sus protagonistas femeninas, es tan insostenible que una de ellas, en uno de los párrafos más terribles del libro, llega a decir:
"¿Hasta cuando estaré atada a esta situación insignificante, indigna, absurda, miserable, triste e inquietante? ¿Es esto la vida? ¿Pasar toda la vida así? Ay, la detesto. Me da asco.
"Noche de plenilunio" presenta nuevamente un matrimonio desdichado, fruto de la utilización de la mujer como mercancía debido a la escasez de recursos. Es una historia marcada por el dolor y la resignación, pese a que en un determinado momento se abre la posibilidad (remota, ligera) de una vuelta a la verdadera vida, a una felicidad apenas entrevista.

Los dos relatos que cierran el libro tienen un tinte más costumbrista. "Encrucijada" narra la amistad entre un paragüero huérfano (un ser puro) y una costurera que, para salir de su vida de miseria, decide entrar a trabajar como concubina. Ichiyo, sin entrar en juicios de valor, presenta fríamente el conflicto entre la pureza y la necesidad.

Cierra este libro el relato más costumbrista del volumen, el más extenso de los relatos y el que mayor fama supuso a su autora: "Dejando atrás la infancia". Ambientado en el barrio del placer, como su propio título indica, se trata de un relato sobre la pérdida de la inocencia de los adolescentes que lo protagonizan. Si algo caracteriza este relato es la sensibilidad de la autora a la hora de reflejar las contradicciones y el desconcierto de los protagonistas sin caer en estereotipos ni sentimentalismos y su atención al detalle.

De los seis relatos, quizá "Cerezos en la oscuridad" y "Encrucijada" sean los más flojos. Pero los cuatros restantes, destacando por encima de todos "Dejando atrás la infancia" son cuatro muy buenos relatos, plenos de sensibilidad, en los que la autora da testimonio de situaciones, por lo general, duras y crueles, sin entrar a juzgar las acciones de sus personajes. Relatos, en definitiva, imprescindibles para los interesados en una etapa fundamental en la historia de Japón, narrados desde un punto de vista, tradicional y desgraciadamente, ignorado. Una pequeña joya que, por suerte, podemos leer por fin en español.

P.S.: Mención especial para la introducción de Carlos Rubio, completísima e indispensable para comprender y difrutar de los relatos de una autora que se fue demasiado pronto. 

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