lunes, 1 de mayo de 2017

TochoWeek II #1: La ciudad en la historia, de Lewis Mumford

Hace poco más de un año, alguien tuvo la ocurrencia de dedicar una semana monográfica a esos volúmenes descomunales que hacen lucir la estantería tanto como atan al lector a su sillón. Nació así eso que llamamos TochoWeek. Parece que hubo quien se quedó con ganas de más y, aunque unos sean capaces de devorar los tochos en una semana y a otros nos lleve mes y medio, aquí estamos, aceptando el nuevo reto, para presentar un nuevo desfile de esos libros imponentes, que no sabemos bien cómo sostener en las manos y terminan provocando agujetas. Aquí está pues la Tochoweek II.

Idioma original: inglés
Título original: The City in the History
Traducción: Enrique Luis Revol
Año de publicación: En castellano, 2.012 (escrito en 1.961)
Nº páginas: 1.168
Valoración: Está bien (pero hay que ponerle ganas) 


Podríamos definir a Lewis Mumford de varias formas. Tirando de tópico, se puede decir que es (era, más bien) un hombre renacentista, el erudito que huye de la especialización y se enfrenta a las disciplinas humanísticas (incluso a las técnicas) desde una perspectiva global, como partes de un todo que debe ser examinado en conjunto y no puede entenderse de otra forma. O podemos verlo como un pensador que, situado al margen de esas disciplinas, diríamos desde una especie de atalaya, se permite marcar el camino y criticar sin recato a los profesionales que desarrollan su actividad en las diversas áreas de conocimiento. Mmmm, esto ya me gusta menos. Aunque también podría ser válido aquello de ‘la mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos’.

El caso es que Mumford dedica la mayor parte de su extensa obra a reflexionar sobre el hombre moderno, su relación con la técnica y las máquinas, y el estado de nuestra civilización. En el caso de ‘La ciudad y la historia’ (por cierto, ¿no debería escribirse 'Historia' con mayúscula?) el eje sobre el que gira es la evolución de la ciudad desde la prehistoria hasta la actualidad (en realidad, hasta 1.961 cuando se escribió el libro), pero en definitiva lo que prevalece es esa visión integral y la búsqueda de una explicación totalizadora: el hábitat, la ciudad, es una creación humana y por tanto será reflejo de las factores que han determinado la evolución social del hombre. De esta forma, a poco de abrir el libro ya nos damos cuenta de que esto no se limita a la historia del urbanismo, sino que es un inmenso flujo de materias que incluye religión, antropología, psicología, estrategias bélicas, política, arte, economía, educación, sociología, ciencia, Derecho, arqueología. O sea, todo lo que tiene que ver con las ciencias sociales y sus aledaños.

Por otra parte, durante las aproximadamente 200 páginas dedicadas a Mesopotamia y Egipto ya intuimos que hay algo poco habitual: apenas tenemos datos concretos, y la exposición carece del rigor sistemático esperable en un libro de Historia. De la misma forma, sólo muy ocasionalmente encontramos el lenguaje prudente y condicional, habitual en los historiadores. Lo echamos de menos sobre todo al tratar sobre época antiguas sobre las que sólo hay datos fraccionarios, y expresiones como ‘podemos deducir que’, ‘todo parece indicar’, o ‘es posible que’ desaparecen en favor de una continua afirmación categórica. De manera que tenemos una tesis integral y completamente redonda, pero que parece más bien huérfana de datos concluyentes.

Seguimos pasando páginas (Grecia, Roma, la Edad Media) y el tono no cambia en absoluto. Como decía, no estamos ante un texto que se limite a la evolución histórica de la ciudad, sino que se extiende a la civilización en su conjunto, sus creencias, su modo de organización, sus conflictos o su estructura económica, todo está dentro. A estas alturas llama también la atención la fuerte subjetividad con que se conduce el autor: Mumford muestra su aversión general hacia el mundo romano –al que apenas concede mérito alguno- y se vuelca sin embargo en elogios sobre la etapa medieval, en particular a partir de una visión organicista de la ciudad, que contrasta con fuerza con la habitual imagen negativa que podamos tener de esta época (suciedad, pobreza, enfermedades, desorden). Todo ello, aparte de permitirse darle un buen repaso a Platón o Leonardo, por ejemplo.

Entre la Edad Media y la etapa contemporánea –diríamos hasta mediados o finales del siglo XIX- Mumford lo engloba todo dentro de un muy amplio concepto de Barroco, imponiendo una vez más un punto de vista sumamente peculiar. El Barroco pasa a ser algo así como el origen de todos los males modernos: consumismo, superficialidad, ostentación, alejamiento de la naturaleza. Todo ello se refleja en el trazado artificial y desproporcionado de las ciudades, pero también está relacionado con el poder de las monarquías absolutas, la pérdida de relevancia de los gremios o mil cosas más. Y las conocemos todas, una por una, sin mucho orden pero con detalle, faltaría más.

Llegamos a la última parte cuando aún quedan más de 300 páginas. Tocando las últimas décadas del siglo XIX Mumford se lanza a hablar de los suburbios residenciales, lo que hoy llamaríamos ‘Edge cities’. El análisis de este fenómeno es también sumamente exhaustivo, sin ahorrar elogios a su idea originaria pero sin recato ninguno a la hora de criticar su evolución posterior. Como en los momentos anteriores, son decenas y decenas de páginas dando vueltas a una y mil ideas, a veces repetidas, a veces vistas desde perspectivas diferentes o parecidas. La cosa desemboca en una visión algo apocalíptica de la megalópolis, que deriva –siempre de forma dispersa aunque insistente- en llamamientos frente a la proliferación nuclear, la burocracia tentacular, la omnipresencia del automóvil o el fin de la Humanidad, por ejemplo. Bueno, tampoco olvidemos que el libro se escribe en 1.961, una época donde estas cosas estaban muy a flor de piel.

El caso es que, aparte de dejarle a uno exhausto, el libro provoca algunas sensaciones extrañas. No es la exposición cabal, ordenada y contrastada de un texto universitario o científico, sino una construcción sumamente subjetiva -realizada, eso sí, a partir de una erudición que no admite dudas- en la que se presenta un planteamiento tan absoluto y compacto que coloca al lector en la incómoda situación de creerse o no una tesis de magnitudes colosales sin que se le haya facilitado material suficiente para valorar. Es decir, lo tomas o lo dejas.

Cierto es que a veces se agradece en un texto de este tipo algo de desorden, de improvisación o subjetividad, pero seguramente no tanto. Mumford tiene el enorme mérito de haber intentado –no sé si conseguido- formular esa tesis integral sobre la ciudad –y mucho más allá, sobre la civilización misma- pero parece que se deja vencer por una especie de incontinencia verbal, que desborda y desluce el resultado final. Puliendo un poco los datos, centrándose algo más en el tema y reduciendo el texto a la mitad, podría haber sido una obra muy notable.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por las nuevas valoraciones, es todo un acierto, gracias.

Anónimo dijo...

Hola y gracias por vuestro trabajo. Como lectora voraz, he llegado a un momento de mi adicción en el que desecho los tochos porque las lecturas más cortas me permiten más variedad de lecturas. Pero no por eso no me parece una idea estupenda. Este libro reseñado no me llama mucho, a ver si a lo largo de la semana me convencéis. Lupita.

Carlos Andia dijo...

Respecto de las valoraciones, solo he pretendido introducir un matiz para que al lector le resulte más evidente la opinión al primer vistazo. En todo caso me alegro que te haya gustado, Anónimo.

Hola Lupita. Tienes razón en que hay mucho que leer (y cosas muy diferentes), por lo que embarcarse en un tocho tiene un punto de temeridad. Se arriesga uno a atarse por largo tiempo a algo que no le convence (al menos para los que nunca dejamos un libro a medias) o, en el mejor de los casos, a una lectura que le va a exigir muchas horas que podría diversificar en muchas cosas. Pero bueno, también tiene algo de reto, y no es desdeñable la satisfacción de haber sido capaz de lidiar con ello. Son muchos factores, todos opinables, pero no cabe duda de que el tocho es algo bastante especial, y por eso le hemos dedicado no una sino dos semanas monográficas.

Saludos y gracias a los dos por vuestras opiniones.

Anónimo dijo...

En mi caso, he leído muchos tochos: los clásicos rusos, franceses, el realismo espqñol, etc.. y cuando tienes el músculo lector entrenado no cuesta tanto. Quería más bien expresar el autodescubrimiento que supone ver cómo cambiamos en gustos y hábitos. Un saludo. Lupita

Anónimo dijo...

Gran idea la de la Tocho Week. Yo estoy leyendo Novela de Genji, de Murasaki Shikibu, 1600 paginitas de novela japonesa del siglo X. Hasta ahora, me encanta. ¡Vivan los tochos!

Carlos Andia dijo...

Lupita, es interesante el tema que planteas sobre la evolución del lector, daría para una de esas metaentradas en que la gente aporte su experiencia al respecto.

Anónimo-2: no conozco el libro que estás leyendo, pero ¡chapeau! 1600 páginas de novela japonesa del siglo X... hay que indagar si la embajada japonesa da algún tipo de premio por estas cosas. Y si encima te va gustando, pues para qué más. Eso es un tocho disfrutón.

Saludos para los dos.

Montuenga dijo...

La obra está reseñada en Un libro al día y a raíz de la reseña sucumbí a la tentación de leérmelo. Además de emblema de la literatura japonesa, es un buen retrato de las costumbres de la época. Lo peor es que llega a hacerse algo repetitivo.
Carlos, El triunfo de las ciudades, que no es un tocho, aborda la cuestión desde una perspectiva más ideológica que histórica y, suponģo, menos erudita. Tampoco a mí me pareció una obra maestra, pero si interesante porque invita a reflexionar.

Carlos Andia dijo...

Efeectivamente, 'La historia de Genji' se encuentra en http://unlibroaldia.blogspot.com/2010/08/murasaki-shikibu-genji-monogatari-la.html por cierto, con un 'Imprescindible' (ni se me hubiera ocurrido que estuviese en ULAD, pero es que aquí tenemos de todo, jeje)

Respecto a ese otro libro sobre las ciudades, pues qué quieres que te diga, igual me animo con él, pero eso sí, mucho más adelante.

Gracias por el apunte, Montuenga.

thorwelly dijo...

¿Se viene (al fin) la reseña para La Broma Infinita?

Carlos Andia dijo...

Tranquilo, thorwelly, creo que lo vas a tener muy pronto.

Saludos!